Pieces of Skin

Hay trozos de piel que se desprenden de mí, palabras, lagrimas y recuerdos... ¿Por cuanto tiempo puedo conservarlos?

Fue cuando aprendí que no hay mayor pedida que la distancia, entre el cielo y la tierra el recorrido se me hace infinito. Entonces armado de valor, con mi alma en una mano y la vida en otra, mi subconsciente se vio a la tarea de alejarse de todos, por buenas o malas razones. Una y otra vez, por ciertos lapsos, esperando que esa perdida inevitable, sea menos dolorosa.

Entonces para no sentir ese vacío, voy tomando amores pasados, amores platónicos, frustrados, imaginarios, cualquiera que tuvo cavidad en lo que llevo de vida, y voy amando uno a uno, hasta que se terminan y vuelvo a empezar. Es triste, pero no hay mas, no existe a quien amar, al menos en este tiempo.

Simplemente no puedes dejar de sentir, dejar de reír o dejar de llorar, si llevas una vida haciéndolo, es como un vicio. Ahora me encuentro en un punto en que ya no sé como llorar, y sin embargo aún siento esa tristeza en mi garganta, pues aunque no puedes vivir de tu pasado, sigue siendo parte de ti.

Llega un momento donde mi piel se desgasta tanto, mis musculos secan y mis costilla quiebran, dejando mi corazón la intemperie. En ese momento paso a ser somatizado por los males que acoge mi pecho. Un ser sin conciencia, irracional, sin pies ni cabeza y mi mundo gira en la dictadura caótica del sentimiento.

No puedo permitirme quererte como estoy suponiendo que te quiero. No quiero ni siquiera permitirme quererte de ninguna manera. No quiero pensarte antes de dormir. No quiero saber nada de ti. No quiero imaginarme abrazándote, con mis brazos tomando la forma perfecta de tu cuerpo. No quiero reír cuando estas cerca y sonreír cuando estoy solo. No quiero suspirar por ti. No quiero esconder tu nombre entre letras. No. Y sin embargo no puedo evitarlo.

Recuerdo mi adolescencia, con un aire oscuro. Lleno de incertidumbres, con fantasmas dando vueltas en el techo de mi habitación. Recuerdo también, cuanto te extrañaba y cuanto le amaba a la vez. Entonces, una parte de mi deseaba tanto la muerte para estar contigo, y otra empezaba a amar tanto la vida pues conocía lo que era amar a alguien. Cuando me di cuenta, en mi pecho palpitaba un sentimiento tan extraño como nuevo; comenzó a habitar mi cuerpo y ahora después de tantos años, ese sentimiento ha crecido, tomado fuerzas  y me ha convertido en lo que soy, mitad monstruo, mitad divino.

Los días como hoy, quisiera volver a ser adolescente y encerrarme en mi antiguo cuarto todo el día, esconder mis lagrimas entre mis brazos, escribir cosas sin sentido que solo agudizan mi dolor. Quisiera escuchar música, no hablar, no decir nada, solo llorar todo el día, desde que amanece hasta que la noche abrigue mis cortinas y me regale un consuelo. Quisiera llorar, pues no hay nada mas que pueda hacer. Quisiera llorar, por que de no hacerlo, voy muriendo. 

Tal vez si soy sincero conmigo mismo pueda encontrar una salida que no hiera tanto, como las lagrimas cuando recorren mi rostro como si fueran ácido, peor aún, como el llanto que nunca brota, que se vuelve roca y hace mis parpados cada vez mas pesados.

No, no deberías ver sus ojos, sus labios, su cabello, no deberías mirar siquiera su cintura, su espalda, sus piernas. No, no deberías jugar a tocar su piel, abrazar su cuerpo, sentir su cuello,no deberías siquiera imaginar su calor corporal bajo tu pecho. No, no deberías escribirlo siquiera, pensarle, llamarle con el pensamiento. No, no es de amigos.

El lunes quema mi espalda, recarga su peso sobre mi pecho, presiona mi garganta. El lunes cose mis ojos con hilos transparentes, trepa por mis ganas y termina mi paciencia. El lunes se presenta como enemigo en mis mañanas y aliado de la desesperanza. Debería sonreír, siempre es un nuevo comienzo, sin embargo mi rostro inescrutable se derrite ante el día.

Tal vez si me dieras tu vida, podría crearme una nueva, con un alma no tan solitaria como lo es ahora la mía. Tal  vez si mudara el silencio para darle voz a mis sentimientos, si dejara la mascara olvidada en un café, tal vez si pudieras ver mas allá de mi, tal vez solo así podría ser realmente libre.

Hay ocasiones que me siento enjaulado, fuera de mi habitad, a veces los edificios parecen mi cárcel, las calles laberintos, el cielo lo percibo mas denso. Siento como si mi libertad va mas allá de la mano del hombre, tal vez, lo que concibo como libertad es abandonar mi cuerpo, propiciar ese castigo divino o esa santidad celestial, o tal vez simplemente nada. Pero en esa nada, percibo mi libertad.

No, no , no. No me dejes esperanza, no permitas que me derrumba, no te alejes, que te pierdo en cada día gris que envuelve a mi cuerpo. No quiero estar solo, no sin ti, no mueras, si mueres ¿Qué quedará de mi?

Soñé que contaba con seis vidas y cada vez que una de mis vidas moría me sentía mas humano, mas mortal. Cuando esto sucedía, la muerte de una de mis vidas, me veía en dentro de la erosión de una gran montaña, siempre de noche con el cielo estrellado, tomaba el alma de esa vida de mi pecho, alzándola en mis manos dejando que se apagara con el aire, como si fuera una llama azul. Cada vez que se extinguía una de mis vidas millones de mariposas azules se alzaban en un vuelo infinito hacia la noche.

Siento que la noche me consume, como bestia en el tiempo suspendido entre la sensación de dejar de ser humano, para ser un animal. Imagino como mi piel se va llenando de pelaje, mis dientes se hacen colmillos y mi rostro se deforma. Tan diferente a cualquier otro animal, mas bien me veo como un ser antropomórfico, sin forma, un ser al que no puedes decir si es un perro, un lobo o un gato. Amenazante. En esta visión veo a otro yo, con la misma piel en la que habito día a día consumido por mis propias fauces, destrozando mis propias manos, desgarrando mi rostro con los dientes, mientras mi yo humano no hace nada. Yo en bestia, lamiendo la sangre derramada en el piso, yo en humano acariciando el pelaje oscuro de su predador con los tres dedos que le quedan en la mano derecha. Me preocupa mas, que esto no es un sueño.